No es solo emocional, es también un asunto químico.  Los abrazos provocan una explosión de felicidad porque manipulan las hormonas de tal manera que simple y sencillamente nos hacen sentir bien.

Sentimientos de seguridad, paz, felicidad, amor, sanación y buena energía son algunos de los experimentados durante o después de un abrazo todo se debe a una hormona llamada oxitocina.  A la oxitocina se le conoce también como la hormona del amor o la hormona del apego y es formada en el cerebro, en la glándula pituitaria.  Según los expertos al momento de dar o recibir un abrazo, el hipotálamo, una pequeña y discreta área que también se encuentra en el cerebro le da la órden a la pituitaria de liberar serotonina, dopamina, endorfina y oxitocina, siendo esta última la líder de estas cuatro hormonas responsables, en gran parte, de nuestro bienestar emocional.

Ha habido muchos estudios y experimentos sobre el poder del abrazo, uno de ellos, por ejemplo, concluyó que un abrazo de 5 segundos estimula la oxitocina, sin embargo, un abrazo de 20 segundos la activa. Otro indica que solo 4 abrazos al día son suficientes para tener una buen actitud y salud, otros lo ponen en 15 abrazos al día, y es que al abrazar a alguien abrazamos todos sus y nuestros órganos, activando sensores de nuestra piel y de nuestro sistema endocrino.

Según Kathleen Keating, autora del libro “Abrazame”, publicado en 1999, la base lógica de los abrazos radica en que son agradables, ahuyentan la soledad, disminuyen los miedos, abren la puerta a expresar sentimientos, fortalecen la autoestima, fomentan al altruismo, demoran el envejecimiento y disminuye el apetito entre muchos otros beneficios.

Abrazar no requiere dinero ni receta médica y no se necesita practicar con moderación.